El tema es relativamente desconocido fuera del ámbito académico musical. De hecho, tampoco ha sido enteramente revisado por la ciencia. Lo cierto es que las afinaciones musicales y el sonido son efectivamente herramientas que a través de su resonancia permitan alterar el estado vibracional de las cosas.
Esta afirmación tiene su sentido en un trabajo realizado por el japonés Masaru Emoto, que a través de una serie de fotografías a moléculas de agua pudo comprobar que el agua responde a nivel molecular a cuestiones que tienen que ver con lo armónico o inarmónico de los sonidos e intenciones que tiene a su alrededor.
El Sr. Emoto abrió en Japón en 1994 un centro de investigación para estudiar el agua diseñando su propio procedimiento para analizar la respuesta del agua a diferentes estímulos.
Cogía 50 placas de Petri de 0,50 cc cada una y las congelaba manteniéndolos dos horas a 25º bajo cero. Luego fotografiaba las moléculas cristalizadas de cada frasco en un microscopio de campo oscuro de 200 aumentos y en un cuarto de 5º bajo cero. Esto debía hacerse en pocos minutos porque el calor del microscopio acelera la descomposición del agua cristalizada.
Su equipo tardo más de 2 meses en conseguir la primera foto y hoy tienen más de 75.000.
