Ningun conocimiento se nos da si no existe en nosotros la voluntad de conocer, ninguna droga nos salva si no queremos ser salvados.


"La experiencia más hermosa que podemos tener es lo misterioso. Es la emoción fundamental de la que
nace todo arte y ciencia verdaderos. Quien no la conozca y ya no pueda sorprenderse ni maravillarse, es
como si estuviera muerto y sus ojos estuvieran cerrados"

"Nada de lo que escuches, sin importar quien lo diga.
Nada de lo que leas, sin importar dónde esté escrito.
Nada debes aceptar, sin previo discernirlo.
Y por ti mismo, deberás decidir su validez o no.
¡Investiga!"


martes, 16 de octubre de 2012

Nikola Tesla. El mago olvidado. El padre de los inventores. Energía libre y gratuita

Puede que Nikola Tesla haya sido la inspiración para el arquetipo del científico loco. Nacido en lo que hoy es Croacia a finales del XIX, Tesla fue un auténtico visionario que trabajó toda su vida para eliminar las necesidades de los terrícolas y construir un mundo en paz. Trabajó prematuramente sobre áreas como la robótica, la balística, la mecánica, la computación y la física, pero sobre todo en el electromagnetismo y la ingeniería eléctrica, que eran su especialidad.




El joven Nikola empezó a destacar ya como estudiante por su insólita inteligencia, que le permitía memorizar libros completos y realizar las más complejas operaciones sin ayuda de papel y lápiz. Sus profesores desconfiaban y su padre trataba de dirigirle hacia el clero, pero la influencia de su madre – mujer ingeniosa que llegó a inventar una batidora de huevos— y su propia voluntad lo llevaron a la facultad de ingeniería. Concluidos sus estudios, trabajó en compañías eléctricas europeas.



Desembarcó en Nueva York en 1884 con una recomendación para trabajar con su admirado Edison, que le encargó mejorar el diseño de sus generadores a cambio de cincuenta mil dólares. Cuando Tesla entregó el desarrollo mejorado, Edison se negó a pagar, argumentando que la promesa era una broma típicamente americana que el croata no había sabido comprender. Se negó incluso a subirle el sueldo y Tesla dimitió, profundamente decepcionado por su ídolo.

Tras abandonar Menlo Park, el nido de Edison, conoció la bancarrota y llegó a trabajar cavando zanjas hasta que la Western Unión Company le proporcionó fondos para seguir investigando. Con ellos desarrolló el modelo de transmisión de corriente alterna, las bobinas y el motor eléctrico. Fichó después por la Westinghouse y comenzó la batalla con Edison, su viejo jefe, defensor de la corriente continua.

Mientras su ex patrón se dedicaba a electrocutar perros, caballos y elefantes para demostrar los peligros del invento de Tesla, éste se dedicaba a hacer inofensivas exhibiciones en las que movía objetos mediante electromagnetismo y lanzaba rayos por los dedos. La adjudicación de la central eléctrica de las cataratas del Niágara fue el espaldarazo definitivo a la propuesta de Tesla, que mandó a la cuneta del olvido la propuesta de su rival. Aun así, el genial inventor no se hizo millonario, pues renunció a los derechos de explotación con increíble generosidad cuando la directiva Westinghouse se lo pidió, pues la compañía estaba arruinada por los enormes gastos que la guerra contra Edison había originado. Hoy el modelo de corriente alterna de Tesla se usa en todo el mundo.


Central eletrica de Niágara

El padre de todos los inventores se concentró después en la tecnología de las ondas de radio y las altas frecuencias. Desarrolló las lámparas de neón, tomó las primeras imágenes de rayos X y consiguió transmitir energía eléctrica sin necesidad de cables en cantidad suficiente como para encender una bombilla. Aquí empezó la gran obsesión de Tesla: distribuir electricidad por el aire para el disfrute de toda la humanidad. Mientras tanto, Marconi construía su aparato de radio a partir de las patentes de Tesla y se llevaba el premio Nobel.


El genio de Croacia dirigió después sus miradas hacia la industria del armamento, siempre con vistas al desarrollo de una guerra incruenta entre máquinas. Construyó una lancha teledirigida y proyectó torpedos operados por control remoto. Diseñó, además, una bomba sin partes móviles y una turbina sin aspas. Los ingenieros de hoy no son capaces de comprender ninguno de los dos modelos.

Con el paso del tiempo, la leyenda de Tesla iba ensombreciendo al hombre, en gran medida por culpa de su temperamento maniático – los números le obsesionaban – y de su afición a las apariciones y declaraciones espectaculares. Cuando se acercaba la Segunda Guerra Mundial, Tesla prometió entregar a todos los países su “Rayo Mortal”, capaz de destruir diez mil aviones desde cuatrocientos kilómetros de distancia. Este pavoroso equilibrio de fuerzas – que se pondría en práctica con otra amenaza distinta durante la Guerra Fría – acabaría con la guerra para siempre. Se dice que los rusos tomaron en serio la propuesta y comenzaron a experimentar con un resultado desastroso: la catástrofe de Tunguska.

Tesla dirigió sus ojos hacia las estrellas después de registrar con sus aparatos extraños pulsos de radio que venían del espacio. Creció el rumor de que había contactado con los marcianos y de que había llegado a visitar el Planeta Rojo en persona. Pronto las sospechas se fueron haciendo más inverosímiles: el croata era en realidad venusiano, lo que explicaba sus rarezas y su inteligencia inhumana.


Nikola Tesla murió solo y arruinado en un hotel de Nueva York en 1943. Las agencias gubernamentales secuestraron todos sus papeles y planos. Si al final de su vida ya había sido bastante olvidad, hoy casi nadie recuerda que fue él quien nos dejo la radio, la bobina y el motor eléctrico, la bujía, el control remoto, los rayos X y, posiblemente, otros artilugios como el generador del Rayo Mortal y la máquina de terremotos, no mayor que una caja de zapatos y capaz de reducir a escombros edificios enteros mediante el poder de la sincronía de las frecuencias de vibración. También se interesó en el viaje en el tiempo y se cree que sus cálculos sirvieron de base al experimento Filadelfia. Se ha llegado a decir de él que fue el hombre que inventó el siglo XX.

Recordaremos, para terminar, una anécdota legendaria que se atribuye al inventor. Parece ser que Henry Ford solicitó su presencia en la factoría, pues tenía un problema técnico que nadie acertaba a subsanar. Tesla llegó y marcó una pieza con una pequeña equis  de tiza. La cosa se arregló y el genio pidió diez mil dólares.

<< ¿Cómo? ¿Diez mil dólares por hacer una equis de tiza?>>, preguntó Ford. La respuesta de Tesla fue: “No. Un dólar por la equis, nueve mil novecientos noventainueve por saber dónde hacerla”.

Fuente: Loqueignoras

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