En concreto, se concluye que varios cientos de criadores de ovejas del país han sido afectados por tratar a los animales con este químico como preventivo de la sarna ovina durante las décadas de los ochenta y noventa.

Pero no son los únicos. Entre otros posibles afectados, se sabe que también han sufrido sus efectos los veteranos de la Guerra del Golfo, expuestos a insecticidas contra plagas de insectos o, por ejemplo, los pilotos de avión y la tripulación de cabina, que han podido exponerse a los organofosforados presentes en el aceite del motor.

Peligrosidad con un mínimo contacto


Hay infinidad de estudios que relacionan el uso de productos químicos y daños cerebrales a una alta exposición, pero se desconocía la peligrosidad que podía llegar a provocar el bajo nivel de exposición.

De acuerdo con los resultados de un informe de la University College London y la Open University, se observa que muchos de estos criadores de ovejas han sufrido daño cerebral a largo plazo con una mínima exposición recibida a lo largo de varios años.

Se da la circunstancia de que el Gobierno ordenó el tratamiento de las ovejas con estos pesticidas, por lo que el hallazgo podría suponer el reconocimiento tardío a muchas víctimas todavía vivas hoy que llevaban mucho tiempo intentando recibir indemnizaciones.

Las víctimas sentían malestar general, aletargamiento y sufrían de una terrible debilidad, sin conseguirse diagnósticos a sus síntomas comunes, cuando en realidad obedecían a intoxicación de estos insecticidas. Algunos de los pocos que sí fueron correctamente diagnosticados han recibido tratamientos desintoxicantes que les han permitido mejorar su calidad de vida.

Superada la década de los noventa, el Gobierno detuvo el programa, pero nunca reconoció a las víctimas. Según grupos activistas, no confirmar la relación perseguía el claro fin de evitar indemnizaciones. Ahora, a la luz de este estudio, se espera que sus resultados obliguen al Gobierno a reconsiderar su posición.

Fuente: EcologíaVerde