Ningun conocimiento se nos da si no existe en nosotros la voluntad de conocer, ninguna droga nos salva si no queremos ser salvados.


"La experiencia más hermosa que podemos tener es lo misterioso. Es la emoción fundamental de la que
nace todo arte y ciencia verdaderos. Quien no la conozca y ya no pueda sorprenderse ni maravillarse, es
como si estuviera muerto y sus ojos estuvieran cerrados"

"Nada de lo que escuches, sin importar quien lo diga.
Nada de lo que leas, sin importar dónde esté escrito.
Nada debes aceptar, sin previo discernirlo.
Y por ti mismo, deberás decidir su validez o no.
¡Investiga!"


sábado, 27 de abril de 2013

¿Por qué las sustancias psicoactivas son tan peligrosas para el establishment?

La ironía de nuestro mundo estriba en lo siguiente: las armas nucleares son utilizadas con fines políticos mientras que las herramientas de exploración de conciencia son ilegalizadas y proscritas por su potencial subversivo.


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El movimiento hippie de los años 60 quedó como una viñeta desgastada o vynil viejo de una época de utopías, amor libre y comunión universal. Pero su perspectiva sobre las relaciones personales y la integración de sustancias psicodélicas a su vida cotidiana no amenazaba –como parecen querer decir las políticas restrictivas al respecto– los cuerpos de los hippies: se trata de una amenaza política contra el control ontológico de la gente, así como del potencial subversivo que estas formas de vida implican para el orden establecido.

DMT, psilocibina, mescalina: ¿qué tienen en común estas sustancias además de ser ilegales? Que son psicoactivos, drogas de conciencia que producen acciones alternativas de la psique; sus efectos en el cuerpo son potentísimos, pero a diferencia de drogas adictivas como los opioides y las benzodiacepinas, totalmente pasajeros y no adictivos.

Alan Moore, creador de comics como V for VendettaWatchmen y libros como Voice of the fire además de antiguo entusiasta de los psicodélicos, decía que los alucinógenos son como un teléfono con línea directa hacia Dios: una vez que te contesta, no tiene sentido seguir llamando.

Y es que la experimentación con sustancias psicodélicas, si va inscrita en un viaje personal de autoconocimiento y cuestionamiento de la realidad, puede ser un aliado para flexibilizar la mente de preconceptos adquiridos y nociones limitantes sobre nosotros mismos y sobre el mundo.

Es por ello que las sociedades originarias y ritos chamánicos desde Siberia hasta Brasil utilizaron por siglos los alucinógenos como puertas a explicaciones de otra naturaleza sobre la naturaleza misma de lo real –nunca como un estado continuo de uso.

Nosotros utilizamos vitaminas con más frecuencia de lo que los chamanes utilizan peyote, por ejemplo.

El potencial subversivo de lo que puede hallarse en este tipo de sustancias es peligroso para el establishment político y social porque plantea serias preguntas acerca de la “normalidad” de la realidad, preguntas que no permitirían que el aparato de control predijera o tuviera información suficiente sobre las tendencias de acción de la población. 

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La ilegalidad de las drogas y la marginalidad del pensamiento filosófico y humanístico son potencialmente nocivos con los efectos que el establishment desea producir a través del condicionamiento ideológico de los medios masivos de comunicación; la única idea de libertad en nuestros días es la libertad de consumir: variedades de marcas de un mismo producto nos dan la sensación de competencia y gratificación, pero limitan el espectro de nuestra acción sobre el mundo –nos limitan en el sentido en que un ratón de laboratorio puede elegir entre dos puertas para salir de un mismo laberinto.

Las sustancias alucinógenas sin duda no son la única via para cuestionar el aparato de control, pero son una que al menos el sistema puede limitar a través de las leyes. Prohibir este tipo de sustancias en realidad prohibe una exploración de tipo filosófico sobre el mundo, una percepción desarrollada sobre la naturaleza de la realidad –en fin, una búsqueda, del mismo modo que si las fronteras de un país estuvieran cerradas por obra del gobierno.

Esto no es ninguna teoría de conspiración: la propaganda antidrogas que siguió a los años 60 ilegalizó las drogas de conciencia, sustancias que habían sido legales hasta entonces porque simplemente no se les conocía (o como en el caso del LSD-25, porque su popularización surgió de investigaciones farmacéuticas).

Para todo fin práctico, los hippies perdieron la guerra. No podía haber sido de otro modo: la guerra está planteada en los términos del sistema. En vez de una sociedad de paz, amor libre y comunión tenemos el aparato de seguridad y control más grande que la humanidad haya visto. El poder expresarlo “libremente” en Internet y no ser fusilado por ello sólo muestra la sofisticación del sistema mismo, en cuanto que permite neutralizar la protesta a través de la “libertad” de expresión.

Estamos a muchos años de la crisis de los misiles, Bahía de Cochinos y Vietnam, pero tenemos nuestra propia crisis de los misiles con las tensiones entre las dos Coreas. La ironía es que el Estado moderno considere mucho más peligrosa la exploración de la conciencia al grado de ilegalizarla que la amenaza global que implican las armas de destrucción masiva.

Con información de Disinfo.

Fuente: PijamaSurf

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